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domingo, 19 de octubre de 2008

EL DIA QUE LIMPIAMOS EL ACONCAGUA

EL DIA QUE LIMPIAMOS EL ACONCAGUA





















EL DIA QUE LIMPIAMOS EL ACONCAGUA


“Los obstáculos son las cosas terribles que vemos cuando quitamos nuestra vista de la meta” Benjamín Franklin






Un mensaje personal:
Cualquier proyecto es realizable.....


Dedicado:
A los más de 120 veinte montañistas, algunos anónimos, que limpiaron una montaña que aunque no era de ellos, tampoco la habían ensuciado. Resaltando el espíritu que los impulsó ya que ninguno de ellos, antes, durante y después de la limpieza, aún bajo las más adversas y dificultosas circunstancias de altura y frío, anidó ese pensamiento.









Demostraron que hay gente siempre dispuesta cuando aparecen objetivos valiosos y dignos de ser realizados y que el único afán que los impulsa es la satisfacción de demostrar que cumplirlos, sobre todo si dejan rédito para el planeta, es posible.




UPAME, UNA TANGIBLE REALIDAD...

Un poco de historia:
En América durante varios años especialmente desde 1968 se comenzaron a hacer esfuerzos por lograr una unión entre las instituciones del continente que practicaban las actividades de montaña. Los mismos, por una serie de factores, no llegaban a concretarse.
Tras varios intentos, basados en las experiencias que a nivel nacional algunos países obtenían en encuentros de camaradería local americana, y tras un audaz compromiso, durante el año 1975 luego de los Juegos Panamericanos de México, se estableció la realización de un Encuentro Internacional de Montañismo en Chile, para el próximo mes de Marzo del año siguiente.

Fue así que reunidos en Santiago de Chile durante los primeros días de Marzo de 1976 las delegaciones de Argentina, Bolivia, Ecuador, México, Perú y Venezuela y con la invalorable participación de un enviado de la Federación Española de Montañismo se creó la UNION PANAMERICANA DE ASOCIACIONES DE MONTAÑISMO –U.P.A.M. – firmándose una declaración de principios donde se determinaba que este organismo agrupaba a las instituciones rectoras del montañismo de los países de América, y que tendría como objetivo la difusión, promoción y reglamentación de las actividades de montaña...
Había nacido el 8 de Marzo de 1976 la UPAME y su primer presidente fue el Sr. Hernan Berti de Chile. Admirable persona, motor de incontables proyectos en relación al montañismo.
Poco a poco se fueron incorporando otros países americanos a esta novel institución. Pero a pesar de la realización de cursos de instructores y de seminarios no era fácil la presencia de los países integrantes ni la concreción de asambleas.
Las vicisitudes no eran pocas. Se extendían invitaciones a todas las instituciones de los países para integrarse. Con no mucho éxito, ya que algunas prácticamente no funcionaban, otras desaparecían y las menos nacían.
La labor de la UPAME era difícil, considerando las extensas distancias, la demora de las comunicaciones, limitaciones económicas, la falta de transmisión de políticas y objetivos en las nuevas comisiones directivas que el tiempo imponía en los organismos miembros y el no pago de las membresías.
Así fueron pasando los años sin mayores o significativas acciones.
Pero el interés de los montañistas americanos por unirse fue mayor a los impedimentos que surgían y se determinó la realización de una Asamblea General Ordinaria a celebrarse en la Federación de Andinismo de Chile y en el refugio del Club Andino de Chile en Lagunillas, desde el 12 al 16 de Abril del año 1990.
Estuvieron presentes delegados de Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador, México y Perú y como principal premisa en los acuerdos que se obtuvieran era la de concretar realidades y no dejar ninguna buena intención pendiente.
Se formaron así, para reforzar el funcionamiento de la UPAM, comisiones en cada país de tipo permanente y con la finalidad de mantener constante comunicación entre la Comisión Directiva y las Comisiones de Trabajo que también se formaban, como la de Expediciones, Protección del Medio Ambiente Andino, Rescate, Capacitación, Escalada y Medicina de Altura.
Se fijaron realizaciones de seminarios de rescate, expediciones conjuntas, cursos para guías e instructores y el tal vez más importante evento: La “operación limpieza” del monte Aconcagua.
Todo eso y mucho más se realizaría. La UPAM había comenzado a marchar con más aire. El tiempo transcurrido y lo realizado hasta este año 1998, que incluye el ingreso a la UIAA, sólo reflejan los excelentes resultados obtenidos por las instituciones de montañismo de América a través de su organización.
Esto es otra historia, tal vez larga, completamente llena de hitos y de futuro. Pero ahora nos abocaremos a la parte que nos interesa.

UN OBJETIVO APARENTEMENTE IMPOSIBLE...

Hacia Lagunillas:
Corría Abril de 1990. En mi automóvil me encontraba atravesando la cordillera de los Andes en dirección a Santiago de Chile. Iba a representar a Argentina en la convocatoria que había realizado la Federación de Andinismo de Chile, que cobijaba en su seno a la UPAM, a los efectos de realizar una importante reunión de este organismo interamericano que potenciara y proyectara sus actividades.
Pronto la Federación de Andinismo de Chile me envió un fax de fecha 30 de Marzo de 1990 celebrando la concurrencia y remitiendo la tabla de trabajo.
Días después recibí otro donde se me solicitaba llevara, para tratar en la reunión de ecología a realizarse en la tercer sesión, un proyecto para limpiar de desperdicios las rutas de acceso al Aconcagua y la posibilidad de realizar dicha empresa. La convocatoria había sido muy clara y precisa, y tenía muy pocos días para realizar el trabajo.
Comienzo de inmediato haciendo un alto en mis obligaciones normales. Al Aconcagua lo había escalado en Enero de 1986 por su ruta normal y luego en 1989 por la ruta del Glaciar de los Polacos, por lo que era conocedor de su geografía. Pero era muy poco el tiempo que tenía para concretar la realización de un importante proyecto como el que tenía que presentar.
Por fin logré terminarlo el día 11 de Abril y pocas horas antes de partir para la reunión, no sin mucho trabajo, esfuerzo y dedicación.
El proyecto, que incluía el informe de trabajos, analizaba esencialmente dos diferentes situaciones: La primera retirar la basura existente, que se fue depositando prácticamente a lo largo de casi 100 años de ascensiones, con muy pocos trabajos de evacuación de la misma, y la segunda que era dejar instaurado un sistema de evacuación permanente de residuos.
Se habían determinado los focos y cantidades aproximadas (luego vimos que había sido optimista) de residuos que había en Horcones, bella laguna al inicio del ingreso al valle del mismo nombre, en Confluencia, en Plaza Francia, en Plaza de Mulas a 4.200 m, en Nido de Cóndores a 5.100 m y en Berlín a casi 6.000 m .
Informaba que no la podíamos enterrar, ya que por la altura y el frío no degradaba en términos normales y que tampoco se la podía quemar, por lo que había que bajarla. Para ello las formas serían con mulas, con personas en labor tipo hormiga, y con helicópteros, o complementando estas maneras entre sí. Pero esto significaba costos, que también se estudiaron e incluían el de las mulas por día, comidas de los voluntarios, el de los helicópteros –que asustaba por su importancia- pero no concluía ahí, ya que también había que considerar las bolsas para guardar la basura, guantes, picos, palas, máscaras, y un sinfín de detalles menores que también se presentaban.
Luego un punto de concentración de la basura cerca de la ruta, a unos 40 km de la falda del Aconcagua, desde donde podría ser recolectada en camiones para transportarla a un basural existente en Uspallata, a casi 80 km.
La fecha del operativo sería en la primera quincena de enero de 1991, por ser climatológicamente la más conveniente aunque en la zona del Aconcagua no es posible hacer predicciones certeras ni firmes y a que faltaban aún más de 8 meses, lo que permitía un grado de organización bastante aceptable amén de coincidir en esta parte del hemisferio con la época de vacaciones y era precisamente la zona que supondría aportaría la mayor cantidad de voluntarios por la cercanía de la montaña.
Se proponía en el proyecto dividir los participantes en varios grupos que operarían en diferentes lugares y a medida que concluían ayudarían a los que aún no lo hacían.
En una segunda parte se contemplaba la posibilidad de instalar basureros especiales, en forma estratégica y que pudiesen ser retirados periódicamente o al final de la temporada y ser nuevamente instalados, como también letrinas de tipo móvil sobre pozos con sifón con dos habitáculos, en los lugares clave de concentración de andinistas, que también se podrían desmantelar y trasladar previo tratamiento con cal del pozo utilizado. Esto también suponía un estudio de costos que había ascendido a varios miles de dólares.

Estos análisis y varias ideas más que se iban hilvanando durante mi viaje lograban que el tiempo transcurriera casi sin darme cuenta. Pronto llegué a Puente del Inca, y un poco más allá al encontrarme en la entrada del valle de Horcones pude contemplar la tremenda majestuosidad del Aconcagua que sobresalía con su masa y cumbres al fondo del horizonte y sólo recortado por el cielo azul.
La idea de su limpieza me hizo temblar más que si me ocurriese de nuevo volver a subirlo por el Glaciar de los Polacos. ¿No estaríamos acariciando un proyecto ciclópeo?

En la IV Asamblea UPAM.
El día 13 de Abril comenzaron las sesiones. Se trataron las memorias, se consideraron balances y pudimos asistir a la excelente conferencia del Dr. Juan Grau sobre “El montañero frente a la Ecología”.
Luego el traslado hacia Lagunillas, hermoso refugio de montaña ubicado en la cordillera de los Andes, en el cajón del Maipo, donde en la serenidad que imponían la altura y las cumbres circundantes se hacía más fácil analizar los temas del andinismo americano.
Varias reuniones más, presentaciones, consideraciones, análisis, determinación de procedimientos, de seminarios de rescate y salvataje y por fin el día 15 de Abril se inicia con el tema de Defensa y Preservación de las Montañas.
Se analiza que a nivel mundial el objetivo de las expediciones es en primera instancia el Himalaya, el Aconcagua, la Patagonia, el Ojos del Salado y las demás montañas del continente.
Todo ello deja un cúmulo de basura, en un joven continente donde pareciera no existiera preocupación en cuanto al control de la contaminación.
Me toca exponer. Reconsidero lo expuesto y no puedo dejar de manifestar, por haberlo experimentado que aún cuando nosotros hacemos culto de las costumbres de los habitantes del hemisferio norte, ellos cuando están en nuestras montañas no guardan los mismos hábitos de limpieza de los que hacen gala en sus respectivos países, constituyéndose junto con los malos ejemplos continentales en los que más basura dejan abandonada, y todo ello garantizado por la falta de controles en nuestros países.
A continuación se trató el informe del proyecto de limpieza, luego todas las preguntas y consultas relativas al mismo y luego de considerar las opiniones se acuerda redactar lo que sería la primera declaración ecológica de la UPAM, la Declaración de Lagunillas, punto de partida para todos los proyectos de ecología de los próximos 8 años siguientes.
Juntamente con Hernán Berti y Humberto Espinosa, (Chile), y Victor Hugo Ordonez (Bolivia) procedemos a redactar la Declaración de Lagunillas, que sería sometido a la Asamblea.
El fin de la Declaración de Lagunillas fue exponer a nuestro andinismo y a la U.I.AA. UNIÓN INTERNACIONAL DE ASOCIACIONES DE ALPINISMO, los problemas ecológicos que están afectando a las montañas andinas.

Declaración de Lagunillas:
“Las asociaciones y Federaciones de Montaña de los países americanos reunidas en la IV Asamblea de la “Unión Panamericana de Asociaciones de Montañismo” U.P.A.M. han acordado:
Considerando:
Que es necesaria la protección del medio ambiente de los ecosistemas andinos, y habida cuenta de que las expediciones extranjeras a nuestras montañas, ocasionan contaminación del ecosistema por los desechos y desperdicios dejados en ellos, que han llegado a condiciones alarmantes, se acuerda:
1° Realizar la Expedición Ecológica de limpieza de desperdicios acumulados en el Monte Aconcagua, tomado éste como símbolo por ser la montaña más alta de América, que se llevará a efecto en el mes de enero de 1991, auspiciado por la Unión Panamericana de Asociaciones de Montañismo, organizado por la Asociación Mendocina de Andinismo y bajo la supervisión del Gobierno de Mendoza.
2° Enviar a la U.I.A.A. los antecedentes y denuncias recopiladas en relación con el uso y abuso de la montaña, por falta de conciencia ecológica por parte de quienes conforman las expediciones internacionales.
3° Invitar a los miembros de la U.I.A.A. a la Expedición Ecológica mencionada en el número uno de esta declaración, para que tomen nota de los problemas que se están produciendo.
4° Oficiar a todos los organismos nacionales e internacionales relacionados con educación, ecología, turismo, deporte y la protección del medio ambiente y a los medios de comunicación, para motivar en la opinión pública el conocimiento y la protección del ecosistema de montaña.
5° Promover en cada país la creación de una Liga de Defensa del Medio Ambiente Andino, integrada por organismos no gubernamentales.
6° La IV Asamblea de la U.P.A.M. efectuada en Lagunillas, Chile, acuerda fijar para el mes de Enero de 1991 la realización de la PRIMERA CONFERENCIA INTERNACIONAL DE PROTECCIÓN Y DIFUSIÓN DEL MEDIO AMBIENTE ANDINO, aprovechando la asistencia a las actividades señaladas en el punto uno de esta declaración. Se tratará que los acuerdos que se tomen, sean difundidos a nivel mundial para iguales fines, con todas las montañas del mundo.
7° En los puntos anteriormente indicados se solicitará el apoyo y colaboración de la U.I.A.A.
Finalmente, por acuerdo de la IV Asamblea de la U.P.A.M. esta declaración será difundida a nivel mundial.

Se había institucionalizado la ecología de los ecosistemas de montaña americanos. Un gran paso se había logrado con el consenso de la problemática de la basura en nuestras montañas, la necesidad de limpiarlas y la de trasmitir información donde se hiciera necesario para evitar que el problema subsistiera y se desarrollara una cultura al respecto.
Pero dentro de todo ese optimismo no dejaba de considerar la gran empresa que tenía por delante, y para colmo había sido nombrado presidente de la recién creada Comisión de Protección del Medio Ambiente Andino, llamada familiarmente Comisión de Ecología.
Empezaba otra historia, y que historia...


EL DÍA QUE LIMPIAMOS EL ACONCAGUA...




El Aconcagua, con sus 6.962 metros sobre el nivel del mar es la montaña más alta de Occidente. Se encuentra en la República Argentina dentro de la provincia de Mendoza, en el marco del Parque Provincial Aconcagua.



Este parque, cuya superficie ronda las 71.000 Ha, se puede visitar, en base a las reglamentaciones que lo rigen, tanto para paseos como para trekings y ascensiones.


Pero fue en el año 1883, mucho antes que el parque existiera, cuando se hizo el primer intento de ascensión al Aconcagua, lográndose la primera coronación de cumbre, por parte de Matías Zurbriggen, recién en enero de 1897. Posteriormente y desde el comienzo del nuevo siglo se suceden varias expediciones. Primeramente con lapsos de años entre una y otra. Luego año tras año. Y a medida que el tiempo pasaba la cantidad de expediciones y la cantidad de sus integrantes se fue incrementando en forma notoria.



Así desde esas iniciales ascensiones, llegamos hasta la temporada de Noviembre 1990 a Marzo de 1991 en que ingresaron al parque Aconcagua 1.243 visitantes. Con ellas también ingresaban personas que querían subir y bajar con bicicletas, motos, alas delta, parapentes, con perros, niños y un sinfín de cosas más imposibles de detallar.




En la Comisión de Ecología de la entonces UPAM –Unión Panamericana de Asociaciones de Montañismo- habíamos considerado en una reunión general la situación de la basura existente en las zonas de montaña, y tomamos al Aconcagua como símbolo.



Durante casi 100 años y desde la primera ascensión hasta la última realizada, se habían depositado en sus senderos. laderas y campamentos varias toneladas de basura, la que alcanzaba preocupantes niveles de acumulación.




Lamentablemente y garantizado por la falta de controles, tanto los montañistas extranjeros –que no guardaban los hábitos de limpieza de los que hacen gala en su país de origen- como los locales que tampoco nos caracterizábamos por dar ejemplo, el problema se agravaba constantemente.




Aparte había que considerar el incremento año a año de visitantes interesados en ascender esta cumbre y no tan sólo en el aspecto de la mayor cantidad de basura que se produciría, sino en el de las futuras actitudes de los montañistas hacia el ecosistema.






Por todo ello se resolvió realizar una expedición de limpieza en la temporada del año siguiente. Se planificó el proyecto y se cursaron invitaciones a todas las federaciones de montañismo del continente. Todos sabíamos el trabajo que ello representaba, ya que aparte de estar diseminada por kilómetros, la basura no se podría enterrar ni quemar.





En enero de 1991, y luego de la asistencia a un congreso de ecología que se realizó en Penitentes, partió hacia la montaña un entusiasta grupo de 120 andinistas provenientes de diversos países de América, con un objetivo claro y definido: limpiar el Aconcagua.



Se recolectaron y embolsaron, durante varios días, 9 toneladas y media de basura a través de todo el parque y hasta Berlín, que posteriormente bajaron prestadores de servicios, arrieros y helicópteros hasta Horcones para ser trasladadas después a un basurero público.







Estos montañistas, de diversas edades y procedencias, que fueron invitados para trabajar sin retribución alguna, limpiaron una montaña que ellos no habían ensuciado




y que no estaba en la mayoría de los casos en su país.




Demostraron que cuando aparecen objetivos dignos y valiosos hay siempre gente dispuesta a cumplirlos.



El único afán que los impulsó fue la satisfacción de realizarlos sabiendo que dejaban un rédito para el planeta.


Jaime Suárez


Comisión Ecología UPAME 1990/2000


jaime suarez









Aconcagua; colocación de la basura en bolsas, durante la limpieza





Con posterioridad a esta campaña se aplicaron políticas para el control de residuos, y actualmente a cada persona que ingresa se le informa el sistema de limpieza y las normas del parque, entregándosele una bolsa numerada para la evacuación de residuos, que deben devolver a su regreso. Este año (1999) se rondó las 4.000 personas ingresadas y se bajaron más de 2.000 bolsas de basura.

Listado de personas que participaron el el Congreso de Ecología de Penitentes y con posterioridad al mismo encararon, junto con muchos voluntarios anónimos, la campaña de limpiar el Aconcagua










jaime suarez

lunes, 7 de enero de 2008

Aconcagua, para gente como uno; pequeña historia de un trekking...

TREKKING A LA PARED SUR DEL ACONCAGUA


Aconcagua desde Horcones

El Aconcagua para gente como uno...
(pequeña historia de un trekking)


Por: Jaime Suárez.


Nota: Por el transcurso del tiempo, valores o situaciones como precios de acceso al Parque, zona de establecimiento de campamentos, etc. pueden haber sufrido variaciones importantes. Tener en cuenta.


Mucha gente, me suele hacer preguntas sobre andinismo. Preguntas que en el fondo encierran curiosidad con a veces un no disimulado deseo de querer subir una cumbre tan importante como el Aconcagua.
¿Es el Aconcagua, como mucha gente pretende, una montaña para cualquiera?
Pareciera en muchas ocasiones que sí. Todas las temporadas se dan ejemplos de ello. Ejemplos que suelen ocasionar problemas y hasta muertes, a los protagonistas y lamentablemente a veces a terceros. Pero no hay que suponer que por ver cómodamente sentado una película sobre esta montaña u otras, donde no se pueden apreciar la totalidad de vivencias de los escaladores, o por leer libros o artículos referidos al tema, o ser tentado por alguna empresa de turismo aventura con planes piloto, va a ser una tarea liviana y de fácil realización.
Es necesario prepararse muy bien, tener excelentes condiciones de salud, hacer paulatina y progresivamente - acompañado por expertos - cumbres de menor altura, una constante asesoría previa, tomar conciencia de la aclimatación, ganar conocimiento y experiencia y poseer un muy buen equipo, amén de muchas más. Se hace imprescindible una sucesión de pasos previos antes de intentar esta experiencia.
Pero conocerse a uno mismo es lo más fundamental. La montaña no sólo es una aventura, es un desafío hacia el conocimiento de uno mismo, nunca un desafío hacia la montaña. No llegar a una cima suele ser también un gran paso para ese conocimiento y hay que entenderlo así.
Para subir al Aconcagua, las tres rutas principales son: la ruta normal, que parte desde plaza de Mulas, la ruta del Glaciar de los Polacos, que parte desde su base y la ruta de la pared Sur que parte desde Plaza Francia. Su cumbre principal, la norte, con 6.962 metros de altura, está a los 32°39.21´latitud Sur y a los 70°00.75´longitud Oeste, dentro del Parque Provincial Aconcagua, en la Provincia de Mendoza. No me cansaré de decir, y no estará nunca de más, ya que hay montañeros en el mundo que no saben que el Aconcagua se halla enteramente dentro de territorio argentino.

Pero si evidentemente hay cosas que la “gente como uno” no puede realizar, por diversas razones, y sí hay algunas que se pueden hacer, siendo necesaria cierta predisposición y un poco de espíritu de sacrificio, y sirven, llegado el caso, de conocimiento previo para imaginar cosas mayores.
Y si bien por ahora dejaremos las tres principales rutas para coronar el Aconcagua, una de las empresas que podemos realizar es uno de los trekkings que conduce a la maravillosa pared Sur de esta bellísima montaña. Es una agradable y fuerte caminata para concretar entre amigos y/o familiares con experiencia en campamentismo. Una excelente aventura a ser encarada.
El Parque se encuentra a unos aproximados 180 kilómetros de Mendoza, cerca de la frontera con Chile, y consta de unas 71.000 hectáreas, habiendo sido declarado parque provincial en el año 1983.
Para el ingreso se hace necesario y obligatorio obtener un permiso personal ante la Dirección de Recursos Naturales Renovables de la Provincia de Mendoza. La misma se encuentra en el Parque General San Martín, en la Ciudad de Mendoza, y los aranceles son:
Para Trekking Corto –permiso por 3 días- desde el 15 de Noviembre al 15 de Diciembre $ 7,50. Desde el 16 de Diciembre al 15 de Febrero, $ 10,00 y desde el 16 de Febrero al 15 de Marzo, nuevamente $ 7,50.
Para Trekking Largo –permiso por 7 días- los importes son respectivamente $ 15,00, $20,00 y $15,00.
Para ascensión al Aconcagua –permiso por 20 días- las tarifas son, también respectivamente, $ 40,00, $60,00 y $40,00.
Cabe destacar que los extranjeros deberán pagar por los conceptos mencionados el doble de dichos importes.

Tenía pendiente con mi hija mayor una promesa para hacer una caminata, trekking corto, desde la Laguna de Horcones hasta Plaza Francia, para contemplar desde ella la majestuosidad e imponencia de la famosa pared Sur del Aconcagua y si era factible, poder mirar alguno que otro alud, que nunca faltan. La época ideal para esta marcha, por lo general y salvo temporales no esperados, es desde fines de Noviembre a finales de Enero.
Apenas festejada Navidad, y con algún resto de sidra en nuestro organismo, partimos el 27 de Diciembre desde Mendoza a Puente del Inca. Esta preciosa localidad se encuentra a los 2.720 metros de altura y es un buen lugar para dormir e irse aclimatando poco a poco a la altura. Recordemos que se parten desde los 747 metros de altura de Mendoza.
Hacia Confluencia, al fondo el Aconcagua

Al día siguiente, con ropa de caminata, pantalones abrigados y holgados (no vaqueros), más un polar, un conjunto rompevientos, campera de montaña o parka, botas de trekking (previamente domadas o al menos usadas varias veces), un sombrero (durante el día en los valles y quebradas el sol es muy fuerte), guantes, crema protectora, unas buenas gafas, un par de bastones, una mochila con provisiones suficientes (no olvidar que es peso que se traslada), caramañola con agua, una cocinita de gas, neoprene, una carpa, y una amiga de mi hija que se anexó a la aventura, partimos luego del desayuno. Casi unos 4 kilómetros más adelante, desde la ruta internacional pudimos ver, al fondo del valle Horcones, y perfilada por un intenso cielo azul, a la mole del Aconcagua. Desde ahí se realiza el ingreso hasta la casilla de los Guardaparques, - ubicada muy cercana a la Laguna Horcones – a los 2.850 m. Allí quedaría nuestro vehículo hasta el regreso. En caso de llevar equipo de radio, la frecuencia que utilizan los guardaparques es 142.8 MHz.
Habíamos obtenido, en Mendoza, los 3 permisos de ingreso correspondientes que debimos presentar ante los guardaparques, quienes se encargan de la atención y control del visitante, del control ecológico y tienen también poder de policía.
Nos recordaron muy amablemente las prohibiciones de encender fuego con vegetación natural, producir daños, retirar restos fósiles o arqueológicos, utilizar detergentes en los cauces de agua, y el deber de retornar la basura en una bolsa numerada que especialmente se le entrega a cada visitante. También que se debía utilizar como baño lugares alejados más de 30 metros los cauces de agua haciendo un pozo y tapando.
A partir de allí, mochilas en la espalda, y a caminar. Eran las 11,30 de la mañana. Con paso alegre iniciamos la marcha hacia Confluencia. El tiempo normal previsto de marcha es de 4 horas. Atravesamos el puente colgante que está antes de la quebrada del durazno, cruzándonos constantemente con andinistas que regresaban de intentar o ascender el Aconcagua. Llegamos a Confluencia a las 15 horas. Habíamos demorado 3 horas y media. Excelente tiempo, media hora menos de lo previsto. Nuestra marcha había sido cómoda y salvo el peso de las mochilas bastante tranquila.
En este lugar a los 3.500 metros de altura y a un poco mas de 6 kilómetros del inicio de la caminata, confluyen los cauces que bajan desde Plaza de Mulas y Plaza Francia, formando el Río Horcones y se separan los senderos que conducen hacia la ruta normal de ascenso al Aconcagua, cuya base es Plaza de Mulas, y la ruta que lleva a la temible pared Sur del Aconcagua, cuya base es Plaza Francia.
Hacia esta última debíamos avanzar, y decidimos hacerlo una media hora más alejándonos del trajín de los andinistas que transitaban hacia la ruta normal del Aconcagua. Recordaremos que esta temporada se superaron los 4.000 visitantes.
Se puede optar por hacer el primer campamento en Confluencia y compartir la experiencia de convivir unas horas con las expediciones, o si se prefiere la soledad continuar hasta donde nosotros lo hicimos.
Pronto llegamos al lugar ideal, junto a dos grandes piedras que nos superaban en altura, a los 3.573 m. Precisamente a los 32°44.751´Sur y 69°58.432´Oeste. Y a casi un kilómetro y medio de Confluencia. Habían sido cuatro horas de marcha, que por ser el primer día se hicieron sentir. A unos 30 metros de esta posición, hacia el oeste, hay una surgente de fresca y clara agua pura donde saciamos nuestra sed y rellenamos las cantimploras.

Armamos nuestra carpa, y preparamos el tardío almuerzo que incluyó jamón serrano y duraznos en almíbar. Más tarde un té, mientras contemplamos durante varios minutos el espectáculo del vecino cerro Almacenes que por la puesta del sol parecía en llamas, al igual que acontece con el Aconcagua desde Plaza de Mulas. Luego de la cena, a dormir en las abrigadas bolsas de pluma. El día siguiente sería un poco más largo el camino.
Tras un suculento desayuno, y después de haber descansado mucho para poder cansarnos más, partimos mochilas a la espalda, a recorrer los aproximados ocho kilómetros que restan hasta Plaza Francia. El tiempo estimado a una marcha normal es de cinco horas durante las cuales se va ascendiendo poco a poco a través de esos kilómetros la diferencia de altura en que se encontraría nuestro destino que era de unos 670 metros.
Un descanso durante el trekking

Los continuos recodos del sendero, unido a la contemplación del glaciar Horcones inferior, que discurre por el valle hacia Confluencia, y el poder apreciar poco a poco la aparición de la pared sur del Aconcagua, la que paulatinamente iba aumentando su tamaño a medida que nos acercábamos, hicieron que demoráramos las cinco horas estimadas para la marcha. No faltaron los saludos a otros grupos que nos cruzaban o superaban cuando parábamos a obtener fotografías, y el poder disfrutar los cortes que en el cielo azul hacían los perfiles de las altas montañas. Es un espectáculo digno de ser disfrutado.
Hacia Plaza Francia

Armamos nuestra carpa al inicio de Plaza Francia, un poco antes de la base sur del Aconcagua, en un lugar seguro a probables avalanchas de piedras, mientras que observábamos a los lejos a grupos de personas que nos precedían, y que parecían hormigas siguiendo un camino.
Nuestra posición era S32°40.823´y O69°58.185´y la altura marcada de 4.260 metros.
Un almuerzo, que disfrutamos, a pesar que mis acompañantes era la primera vez que estaban a esa altura, pero no hay que dejar de considerar que pueden producirse, según las personas, independientemente de algún pequeño malestar, problemas de altura. En cuyo caso y si no hubiese sido suficiente la aclimatación de la marcha a la altura alcanzada, hay que regresar al primer campamento, o al punto de partida.
Aconcagua, pared sur

Un breve descanso y nos acercamos a la Pared Sur. Levantando nuestra vista y la recorrimos innumerables veces con la mirada, sin llegar a cansarnos en ningún momento.
El frío que origino la pronta puesta del sol sobre la cumbre del Aconcagua motivó que debiéramos regresar a la comodidad de la carpa, no sin haber contemplado la caída de dos sonoros y tardíos aludes de nieve.
Al pie de la pared sur del Aconcagua

La temprana cena, el temprano intento de dormir escuchando una agradable música y alguno que otro ruido de noctámbulos aludes, no lograron que fuese larga la noche. También desde la puerta de nuestra carpa, colocada estratégicamente apuntada hacia el Aconcagua, nos había permitido observar ponerse negra su blanca pared.

A la mañana siguiente, la contemplación del despertar del sol sobre la pared del coloso de América, el calor del desayuno y a comenzar a desarmar la carpa para el regreso. Había que transitar los aproximados 16 kilómetros que nos separaban hasta la casilla de los guardaparques, donde deberíamos dejar, en la correspondiente bolsa, la basura que habíamos producido.

Una marcha tranquila, sazonada de saludos en diversos idiomas a senderistas que nos cruzaban, y no exenta de alguna que otra ampolla, nos permitió llegar en unas cinco horas a nuestros vehículos. Desde allí de regreso a Mendoza; todo eso en el día.

Jaime Suárez